El desplome de la lira turca sacude a la banca europea

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En 1992, el inversor Georges Soros se hizo célebre por haber ganado 1.000 millones de dólares a costa de hundir la libra esterlina. 26 años después, la pinza Trump-Erdogan puede emularle con la lira turca sin más réditos que los electorales: el anuncio de nuevos aranceles contra el aluminio y el acero procedente de Turquía realizado este viernes por el presidente estadounidense ha arrojado gasolina al fuego y ha desplomado la divisa, ya muy tocada, hasta mínimos históricos frente al dólar. El presidente turco ha aceptado el envite: “Turquía no perderá esta guerra económica”, ha augurado desafiante.

El hundimiento de la moneda ha extendido la inquietud por las principales plazas bursátiles del continente. Algunos de los mayores bancos europeos han visto este viernes evaporarse buena parte de su inversión en Turquía. El mercado de divisas, habitualmente uno de los menos volátiles, ha reaccionado con agitación. La lira ha llegado a perder, tras el discurso de Erdogan y el tuit de Trump, más de un 18% respecto al dolar, y arrastró a las Bolsas hacia números rojos ante los temores de la apertura de un nuevo frente de crisis a las puertas de Europa.

Según el Financial Times, el Banco Central Europeo ya ha mostrado su inquietud por la exposición del sector financiero a Turquía. El francés BNP Paribas, el italiano Unicredit, y el español BBVA, tres colosos de la banca europea, mantienen fuertes inversiones en entidades de la zona. Sus acciones estuvieron este viernes entre las más golpeadas. Las de la entidad española perdieron un 5,16% de valor. Fue la que más perdió de las tres, la gala se dejó el 2,99% y la italiana, el 4,73%. Concretamente, BNP Paribas adquirió en 2004 el 50% del Turk Economi Bankasi y luego se reforzó hasta el 72,5% que controla hoy. A través de ese banco tiene una exposición a deuda soberana turca de más de 1.000 millones. Unicredit entró en el mercado turco en 2005 con la compra de una participación en el grupo que controla Yapi Kredi, donde se ha ido reforzando hasta alcanzar el 40,9% en el conglomerado. Mientras que el BBVA, la segunda entidad española, apostó por Garanti en 2011, y hoy controla casi la mitad de las acciones.

Los tres bancos europeos estaban entre los más golpeados en Bolsa por esa exposición, sin que el Erdogan, que llamó a los ciudadanos a buscar dólares y euros incluso “bajo la almohada”, para cambiarlos por liras, lograra aplacar la desbandada. Tras varias jornadas de caídas, llueve sobre mojado: la lira acumula una devaluación de en torno al 40% en lo que va de año, y el Banco Central turco continúa sin elevar los tipos de interés para calmar los ánimos de los inversores. Esa fue la fórmula mágica en 2011, 2014 y 2016, cuando la lira también sufrió importantes descensos. Sin embargo, no está claro que sea suficiente para apagar el incendio ahora, cuando a la desconfianza por la política monetaria se suma el choque con Trump.

Con el mercado europeo en un estado más avanzado de madurez. El potencial económico de Turquía ha sido el gran mantra utilizado por los bancos europeos que apuestan por invertir en el país. El desembarco llegó cargado de una ristra de argumentos de una lógica abrumadora: se trata del segundo mayor mercado de la Europa emergente solo detrás del ruso, la demografía acompaña, con más de la mitad de su población menor de 35 años, y el sistema financiero está por construir, con una baja penetración de los préstamos, del 62% del PIB frente al más de 100% de la zona euro. Pero las mayores oportunidades son en ocasiones las más gaseosas. “Invertir y hacer negocios con países emergentes siempre es más arriesgado. Cuando las instituciones son débiles y el estado de derecho no está asegurado la actividad económica y el clima de inversion se ven perjudicados”, afirma Miguel Otero, investigador principal del Real instituto Elcano.

Los riesgos políticos han cambiado la Turquía en la que BBVA, Unicredit, BNP Paribas y otras compañías invirtieron. Antaño precursora de la alianza de civilizaciones y candidata a entrar en la Unión Europea, con la que ahora mantiene un tenso tira y afloja, el entorno macroeconómico ha dado un importante giro. El creciente intervencionismo del presidente Erdogan en el Banco Central, su negativa a subir tipos de interés en medio de una creciente la inflación y el choque con Estados Unidos han generado la tormenta perfecta para su divisa. Al frente del timón, Erdogan ha intercambiado el pragmatismo y el discurso de la conquista del bienestar por los grandes dogmas: “Ellos tienen los dólares, nosotros tenemos a nuestro pueblo y a Dios”, ha afirmado en plena crisis.

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