A 25 años de su muerte, el tango de Astor Piazzolla sigue vigente

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El carácter vanguardista del tango de Astor Piazzolla obtiene hoy, 25 años después de su muerte, un reconocimiento en su patria que el bandoneonista y compositor argentino no pudo cosechar en vida.

Considerado un revolucionario del tango, el estilo sinfónico tan particular de sus composiciones abrió un nuevo camino en la música ciudadana. Rompió moldes en un ámbito conservador que no supo en su momento valorar el aporte, pero hoy es fuente de inspiración de jóvenes orquestas en la búsqueda de un sonido innovador.

“Eso no es tango” se decía en los años del surgimiento de Piazzolla, rememoró alguna vez el poeta uruguayo Horacio Ferrer, quien compuso 53 títulos junto a Piazzolla.

La vida del bandoneonista y sus creaciones fueron objeto este año de dos grandes muestras en Argentina, a donde él regresaba una y otra vez desde París. Primero en el museo MAR de la ciudad de Mar del Plata, donde Piazolla nació el 11 de marzo de 1921. Luego se realizó una exhibición en el Centro Cultural Kirchner, donde se expusieron fotos desconocidas, objetos, videos y audios.

Pocos días atrás se estrenó en tanto el musical “Crimen pasional”, también conocida como “Ópera de un solo hombre”, con composiciones de Piazzolla y guión de Pierre Philippe.

“Él quería ser reconocido acá. Cada año veníamos una semana a Buenos Aires, porque decía que necesitaba nutrirse; después nos volvíamos a París que lo maltrataban”, expresó Laura Escalada, su compañera durante 16 años, aún herida por el desprecio que sufrió el músico. La viuda, presidenta de la Fundación Astor Piazzola, aseguró al diario “Clarín” que “Astor nunca supo que iba a trascender como trascendió”.

Su nieto Pipi Piazzolla, también músico, coincidió: “Acá, ahora, mi abuelo es más valorado que cuando estaba vivo. La gente que lo combatía, sectores tradicionalistas del tango, se quedó sola o ya no está”.

Hay tantas formas de definir el tango de Piazzolla como oyentes haya. “El tango diría que es casi como el jazz, tiene misterio, profundidad, dramatismo. Es religioso, puede ser romántico y puede alcanzar una agresividad que el folklore nunca podría tener, salvo la chacarera. Cuando empezamos con el octeto, por ejemplo, parecíamos salidos de un grupo de combate. ¡Éramos ocho guerrilleros subidos al escenario!”, describió el propio Piazzolla.

“Yo ‘rompía’ el bandoneón todas las noches y el gordo (Leopoldo) Federico también. Cada uno, en lugar de un instrumento, tenía una bazooka. Habíamos convertido el escenario en un ring de box”, recordó.

Entre sus composiciones más recordadas se destacan “Adiós Nonino”, “Libertango” y “Balada para un loco”. Escribió junto a Ferrer la pequeña ópera “María de Buenos Aires”, que dio la vuelta al mundo en numerosas versiones. El poeta uruguayo le puso también letra a “Balada para un loco” y “Chiquilín de Bachín”, dos temas que alcanzaron un enorme éxito.

Tocaba el bandoneón parado, casi con “las entrañas”, como una vez aseguró: “Toco con violencia, mi bandoneón tiene que cantar y gritar. No concibo el color pastel en el tango”.

Su viuda reveló que Piazzolla solía componer “en la oscuridad, con los ojos cerrados, moviendo la cabeza”. “Tenía un mundo interior secreto y un nivel de autoexigencia extremo. Su estilo era eléctrico, de una potencia que trascendía su cuerpo”.

Piazzolla nació en 1921 en Mar del Plata y a los cuatro años se radicó junto a sus padres Vicente “Nonino” Piazzolla y Asunta Manetti, en Nueva York. Fue allí donde la nostalgia tanguera de su padre se combinó con el jazz que flotaba en los sótanos de la Gran Manzana y los estudios de la música clásica que décadas después explotarían en su revolucionario nuevo tango.

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